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Archive for 19 mayo 2013

Caminemos


Sigues, me das la espalda, das un paso y otro, te sigo, pero se respetar nuestra distancia. A veces quieres correr y otras te arrodillas agobiada por el cansancio de aparentar ser quien no eres, yo solo en ese momento me acerco, te susurro que todo irá bien, que no necesitas camiar nada en ti, pero no escuchas, te levantas de nuevo y das nuevo los pasos en la dirección equivocada, te sigo, me das la espalda y muero porque puedas escucharme,  decirte que lo que tanto  buscas esta cerca de ti, solo debes tomar decisiones diferentes, dejar de ver con los ojos, dar pasos en la dirección opuesta y estaremos frente a frente, entonces ya no habrá más lágrimas y si caemos, caeremos juntos pero igual no levantaremos, tomados de la mano, no importa la dirección mientras no nos soltemos estaremos en la dirección correcta.

 

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Sal con una chica que lea. Sal con una chica que se gaste el dinero en libros en vez de en ropa. Que tenga problemas de espacio en el armario porque tiene demasiados libros. Sal con una chica que tenga una lista de libros que quiere leer y carné de la biblioteca desde los doce años.

Encuentra una chica que lea. Sabrás que lo hace porque siempre llevará un libro a medias de leer en el bolso. Será la que mire con amor las estanterías de la librería, la que llora silenciosamente cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves la chica rara que huele las páginas de los libros viejos en una librería de segunda mano? Esa es la lectora. Nunca se pueden resistir a oler las páginas, especialmente si están amarillentas.

Es la chica que lee mientras está esperando en la cafetería del final de la calle. Si echas un vistazo a su taza, verás que la crema del café está flotando en la superficie porque ya está absorta. Perdida en un mundo que el autor ha creado. Siéntate. Probablemente te mire fugazmente, como la mayoría de las chicas que leen no le gusta ser interrumpida. Pregúntale si le gusta el libro.Invítala a otra taza de café.

Hazle saber que lo que piensas de Murakami. Comprueba si ha pasado del primer capítulo deLa Comunidad del Anillo. Entiende que si te dice que entendió el Ulysses de James Joyce sólo te lo dice para sonar inteligente. Pregúntale si le gusta Alice o si le gustaría ser Alice.

Es sencillo salir con una chica que lea. Regálale libros por su cumpleaños, por Navidad y por los aniversarios. Dale el regalo de las palabras, en poesía, en canciones. Regálale a Neruda, Pound, Sexton, Cummings. Hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Entiende que ella conoce la diferencia entre los libros y la realidad, pero por dios que va a intentar hacer su vida un poco como su libro favorito. Nunca será tu culpa si lo hace.

De alguna manera tiene que intentarlo.Miéntele. Si entiende la sintaxis, entenderá que necesitas mentir. Tras las palabras hay otras cosas: motivaciones, valores, matices, diálogos. No va a ser el fin del mundo.

Fállale. Porque una chica que lee libros sabe que el fracaso siempre lleva hasta el clímax. Porque ellas entienden que todas esas cosas tendrán un final. Y que siempre puedes escribir una secuela. Y que puedes empezar otra vez, y otra y seguir siendo el héroe. Que la vida está destinada a tener un villano o dos.

¿Por qué estar asustado de todo lo que no eres? Las chicas que leen entienden que esa gente, como los personajes, evolucionan. Excepto en la saga Crepúsculo.

Si encuentras una chica que lea, mantenla cerca. Cuando la encuentres a las 2 de la mañana sosteniendo un libro contra su pecho y llorando, hazle una taza de té y abrázala. Puedes perderla por unas cuantas horas, pero siempre volverá a ti. Hablará como si los personajes del libro fuesen reales, porque durante un rato, siempre lo son.

Te declararás en un globo aerostático. O durante un concierto de rock. O casualmente la próxima vez que esté enferma. Por Skype.

Sonreirás con tantas ganas que te preguntarás por qué tu corazón no ha explotado y la sangre no está corriendo ya por tu pecho . Escribirás la historia de vuestra vidas, tendréis hijos con nombres extraños y gustos aún más extraños. Les presentará a vuestros niños al Gato Garabato y a Aslan, quizá el mismo día. Pasaréis los inviernos de vuestra vejez juntos y ella recitará a Keats en voz baja mientras te sacudes la nieve de las botas.

Sal con una chica que lea porque te lo mereces. Te mereces una chica que pueda darte la vida más colorida imaginable. Si sólo puedes darle monotonía y horas aburridas y compromisos a medias, entonces estás mejor solo. Si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, sal con una chica que lea.

O mejor aún, sal con una chica que escriba.

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Gabriela


Gabriela, permíteme escucharte, empezar aquel incendio de sensaciones dentro de mi pecho, sentir que todos los sentidos que necesito sean mis oídos. Permíteme refugiarme en el fuego de tus palabras, resurgir de las cenizas, resucitar en tu mirada, aquella profundidad que oculta el color café de tus ojos, no soy alguien que crea en la perfección, pero la belleza de tus imperfecciones me han dado la respuesta y descanso a tanta busqueda.

¿Me reconocerías? Lo dudo, incluso si estuviera sentado en el medio de dos niños. Igual, no deseo que me reconozcas, quiero que nos escuchemos, que nos besemos, que seamos dos iguales en la oscuridad. Quiero acariciar tus labios con los míos, que el tiempo y el corazón se detenga fundiéndose en uno mismo, que podamos arder sin necesidad de extinguirnos. Que seamos dos alientos que transformaron en un suspiro.

Dime ¿De que estas hecha? ¿Acaso de sueños sabor a chocolate? ¿Porque tienes ese poder sobre mi? De donde haces surgir tanta belleza para inspirarme, para seducirme y desarmarme sin que te des cuenta, tienes absolutamente control sobre mi sin ni siquiera hablarme.

Desde que te conocí llevas tu vestido color misterio, aquello me mantiene inquieto y cuando sucede eso la fiera debe volver a su jaula para que no cometa una locura.

Si, esa es mi jaula, hecha de recuerdos, de tus largas pestañas, tus ojos café claro, tus finos labios y esa sonrisa sin hoyuelos. Guardo con celo ese íntimo recuerdo y con ese recuerdo se llenan mis días, pasan las horas y chocan los segundos. No sé cómo pude vivir antes sin ti, pero antes de conocer el sabor de las fresas con chocolate uno las pide todos los días.

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Ven


Ven, deseo confesarte algo: Hoy vino a mi esa sesanción que no sentía desde hacía ya unas cuantas vidas. Ese deseo de estar con alguien no por placer, no por odio, ni revancha, ni ganas… no porque si o porque no, sino por amor.
No sé si usted entienda que le quiero hacer el amor desde hace otras cuantas vidas empezando con esta; quiero que se suba a mis piernas mientras me mira a los ojos, que comience a balancearse con la suavidad de esa brisa que mueve las hojas de los árboles o con la intesidad del viento que mueve la olas del mar. Quiero besarle y decirle que le amo, también quiero tomarle las manos y entrelazarlas mientras muerdo sus labios para que entienda con ese gesto cuanto me excita. Deseo desabrochar su blusa, bajar hasta su vientre, desnundarla de una y mil formas, tocarle, escucharle,  saborearle, sentir nuestra piel a fuego pero húmeda. Quiero que me bese el cuello o escuchar el respirar de su alma hablando en sus latidos, en mis sueños y deseos. Escucharla, no en tu o en mi, sino en nuestra cama.

Que sus manos libres por cualquier parte de mi cuerpo me lleven a un solo lugar: al lugar más placentero, y apretándolas con la mayor excitación y amor de esta vida sabría esto era lo que había estado esperando, usted, que solo inspira amor, todo el tiempo amor con mordisquitos en la oreja, amor en susurros.

Quiero percibir cada milímetro de su piel. Poder contemplar el nacimiento y reacción de su cuerpo con cada movimiento que yo haga. Quiero perderme en su mirada, en sus caricias y sus gemidos sin permiso que se van transformando de un ocaso a una incontenible tormenta cuando lentamente bajo y la acaricio hacia arriba, hacia abajo nuevamente mientras la miro fijamente, mientras le demuestro que es lo que más me gusta y mientras se da cuenta que la haría parte de mis profundos deseos tira de mi pelo y yo en un impulso la empujo contra la pared y empieza el ritmo frenético donde finalmente los dos tendríamos que terminar exhaustos, idos, enamorados, porque desde siempre hemos sido uno solo y cuando estoy dentro de usted me siento absolutamente completo.

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