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Archive for 30 diciembre 2012

¡Ojalá sea tan …


¡Ojalá sea tan suave el despertar a su lado! ¡Ojala despierte en silencio! Sí me haz mentido hasta el final ¡Espero que no descanses mientras yo viva! ¡Dijiste que te maté! ¡Pues no me dejes! Si las víctimas acechan a sus asesinos, ¡Sígueme! Si hay espíritus que andan errantes por el mundo, quédate siempre conmigo, no importa como lo hagas, pero por favor , no me dejes en este abismo, en donde no puedo escucharte! ¿Cómo decírtelo?

¡Yo puedo vivir sin mi vida, pero no puedo vivir sin mi alma!

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Te Quiero


Mario Benedetti

Tus manos son mi caricia 
mis acordes cotidianos 
te quiero porque tus manos 
trabajan por la justicia 

si te quiero es porque sos 
mi amor mi cómplice y todo 
y en la calle codo a codo 
somos mucho más que dos 

tus ojos son mi conjuro 
contra la mala jornada 
te quiero por tu mirada 
que mira y siembra futuro 

tu boca que es tuya y mía 
tu boca no se equivoca 
te quiero porque tu boca 
sabe gritar rebeldía 

si te quiero es porque sos 
mi amor mi cómplice y todo 
y en la calle codo a codo 
somos mucho más que dos 

y por tu rostro sincero 
y tu paso vagabundo 
y tu llanto por el mundo 
porque sos pueblo te quiero 

y porque amor no es aureola 
ni cándida moraleja 
y porque somos pareja 
que sabe que no está sola 

te quiero en mi paraíso 
es decir que en mi país 
la gente viva feliz 
aunque no tenga permiso 

si te quiero es porque sos 
mi amor mi cómplice y todo 
y en la calle codo a codo 
somos mucho más que dos.

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El destino de partida


Llegaste a mi vida, sobre un mar de cualidades, acompañada de una sonrisa, con una profunda mirada, preciosa como una noche despejada. Poseedora sin saberlo de mis sueños, tu cabello negro ondulado, me enamoró.

Pensé:

Eres en quien tanto he soñado, a quien tanto he esperado, a quien he llamado aunque hasta el día de hoy desconocía su nombre, eres aquel espacio de consuelo, el fin de la búsqueda , aquella que transformará el sentido de mis lagrimas de tristeza por las de felicidad ¿ Podrás amarme? Ser testigo de mi tragedia? No es justo que tu ternura tenga que darse la mano con mi dolor.

Qué alegría me da verte! Me traes felicidad con solo saber que no eres una invención de alguien que aun cree en el amor. Yo ahora tengo un deseo y es que nuestro encuentro no sea breve, que no se lo pueda medir con las manecilla de un reloj

¿Sabes tú amar? Me lo puedes enseñar? Se me acabado ese sentimiento, en mujeres que se hicieron pasar por ti.
Sube, ven conmigo, que si debo creer en el destino, que sea el estar contigo. El para siempre será nuestra parada. Nuestro viaje de partida. Nos sentaremos juntos. Si quieres, te concederé el asiento junto a la ventanilla. Descuida, la vista es hermosa, miraremos juntos nuestras vidas.

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Lo que tu crees


Criticas mi forma de vestirme, cuando los mejores momentos que compartimos juntos fueron cuando estuvimos desnudos. No me malinterpretes, me importa mucho la opinión que tengas de mi, pero para mi vestir a la moda nunca tuvo demasiada relevancia. Así me conociste, recuerdas? anticuado, sin mas accesorio que una sonrisa sincera.

No sé si recuerdas nuestro primer beso? Yo recuerdo como ibas vestida: un pantalón de tela negro, con un suéter de color parecido al morado, la cadena de cual no te separas y recogido ese hermoso cabello negro. Pero no hubiera importado como vistieras, de vestido de jean, casual o elegante, a mi no me importa la ropa, sino la mujer que esta dentro. Acaso cuando nos besamos no cerramos los ojos? En ese momento nos dejamos llevar por todos los sentidos, menos por la vista. Nuestras manos sabían a donde tenia que ir y en donde tenían que parar.

Yo no sé porque ahora tienes esa critica a como me visto, tus crees que unos zapatos a la moda me harán amarte mas. Yo lo dudo, ya que cada día desde que nos conocimos te amo más y más, me cambiaste la vida y sin embargo yo a mi guardarropa no lo he renovado.

Pero voy a complacerte, voy a ir a esa tienda en el centro comercial y comprarme esa ropa que hiciste probarme, me dijiste: para mi sería muy importante, aunque a veces pienso que mas importante para la opinión de tus amigas. Solo lamento una cosa y no es el hecho que desees cambiarme, es el hecho que todo el dinero que ahorré para comprarte ese viaje que tanto soñaste lo tenga que gastar en ropa, en una corbata y unos zapatos que unos meses seguramente ya nadie recuerde que usaba

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Prologo: Lyanna


Las lágrimas le recorrían las cálidas mejillas, que se estaban quedando pálidas y perdiendo poco ese color rosado. Tenia los labios agrietados por el frío. El inferior le temblaba, con los últimos suspiros que permite la muerte, mientras su saliva se mezclaba con la sangre que desde el estomago hasta llegar a la garganta.

Pero a pesar de todo, Lyanna sonreía, tenia aquella sonrisa en el rostro, en sus labios amoratados, en sus ojos cafés claros, que lloraban. En su cuerpo, rígido por el dolor mientras se le escapaba el aliento con cada latido, corriendo rápidamente hacia el ultimo, sin que ninguno de los dos pudieran hacer nada. Las flechas que estaban posadas en su pecho eran la visión mas dolorosa, la visión que tanto había temido Marcus. Más aun que tenerla moribunda entre sus brazos. Atravesando sus ropas y su carne, penetrando más profundo en su cuerpo de lo que nunca lo había hecho él, hiriendo el cuerpo de aquella, a la que tanto amaba.

Recordaba vagamente haberse quitado los guantes. No tendría que haberlo hecho. La sangre se le congelaba entre los dedos, mientras la aferraba contra si, tratando de darle el calor que ella perdía, aun consciente que era inútil.

“¡Asesino!” le gritaba su propia voz en su interior, Lyanna continuaba recostada en el suelo de piedra “¡Asesino!” clamaban sus temblores, sus manos que inútilmente trataban de contener a una vida que se iba. ¡”Asesino!” Sollozaban sus ojos que, sin culpa, sin miedo, sin rabia, le miraban, llenos de amor. Los ojos de Lyanna le clavaban como cuchillos en lo mas hondo de su alma, provocando heridas que no sangrarían para poderse curar.

” Si tenia que verla morir, hubiera preferido no verla nunca.

Él nunca había pedido nada. Nunca había deseado nada, en toda su vida, hasta que la conoció. Cobardemente deseó casi no haberla conocido. No en aquel mundo, en aquellas circunstancias. Todo habría sido diferente en algún otro lugar. Tal vez el hubiera podido ser  un maestro y ella la hija de un comerciante, o una delincuente, una , o solo una amante, pero hubiera sido suya, suya por completo, al fin, donde no importase que se amaran, donde no debería perderla, donde no estaría mal si deseaba besarla, a la vista de todos. Donde ella no se hubiera transformado en el enemigo, sino simplemente hubieran sido un hombre y una mujer, un par de cuerpos desnudos bajo las estrellas, juntos, como uno solo.

“Nunca tendríamos que haber salido de aquel bosque” Se reprochó internamente. No tenia que terminar así.

Ella movió la cabeza en negación, casi como si leyese sus pensamientos. . De los dos, ella siempre había sido la mas valiente. Acarició sus mejilla. De pronto Marcus se avergonzó que llevar esa estúpida barba. Pero ella solo sonreía. Marcus no se dió cuenta de que estaba llorando hasta que sus propias lágrimas empaparon la mano de su amada. Lyanna hizo un sonido extraño, a medio camino entre un suspiro en medio del ahogo y el intento vano de capturar aire, para alargar su vida solo un segundos.

Su mano, pálida y herida, se deslizó por mejilla de Marcus, por su pecho, hasta caer, inerte, en el helado suelo. Los ojos de su Lyanna permanecían abiertos, la sonrisa en sus labios, y las lagrimas habían dejado de fluir. Ya no escucha dos corazones latir, solo el suyo, que inexplicablemente continuaba, aunque el sintiera que ya no tenia sentido si el otro había dejado de hacerlo. Lyanna estaba muerta

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Era un vampiro que sorbía agua
por las noches y por las madrugadas
al mediodía y en la cena.

Era abstemio de sangre
y por eso el bochorno
de los otros vampiros
y de las vampiresas.

Contra viento y marea se propuso
fundar una bandada
de vampiros anónimos,
hizo campaña bajo la menguante,
bajo la llena y la creciente
sus modestas pancartas proclamaban,
vampiros beban agua
la sangre trae cáncer.

Es claro los quirópteros
reunidos en su ágora de sombras
opinaron que eso era inaudito,
aquel loco aquel alucinado
podía convencer a los vampiros flojos,
esos que liban boldo tras la sangre.

De modo que una noche
con nubes de tormenta,
cinco vampiros fuertes
sedientos de hematíes, plaquetas, leucocitos,
rodearon al chiflado, al insurrecto,
y acabaron con él y su imprudencia.

Cuando por fin la luna
pudo asomarse
vio allá abajo
el pobre cuerpo del vampiro anónimo,
con cinco heridas que manaban,
formando un gran charco de agua,
lo que no pudo ver la luna
fue que los cinco ejecutores
se refugiaban en un árbol
y a su pesar reconocían
que aquello no sabía mal.

Desde esa noche que fue histórica
ni los vampiros, ni las vampiresas,
chupan más sangre,
resolvieron
por unanimidad pasarse al agua.

Como suele ocurrir en estos casos
el singular vampiro anónimo
es venerado como un mártir.

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Nota


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