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Archive for 30 noviembre 2012


“Quién fue el imbécil que dijo que el amor era lo más hermoso y no lo más doloroso?” Aquella era la pregunta que la acosaba cada vez que escuchaba esa canción que le remordía por dentro.

“Te lastimó estúpida  , te engañó ¿tan difícil es aceptarlo?” Era lo que se repetía a cada momento, para poder olvidar que aquel idiota que le había jurado que la amaba con todo su alma, aquel idiota que era el peor, no, mejor dicho el mejor de los farsantes de los que se había atravesado en su vida, fue tan hábil con su engaño que ella a pesar del temor de que la volvieran a lastimar lo terminó entregando todo a cambio de nada.

Aquel idiota la había dejado destrozada por dentro, aunque por fuera ocultaba aquello para mantener las apariencias. Ingenua de ella, le importaba más lo que pensaran los demás antes de lo que ella pudiera sentir.

Pero aquel idiota sabía como besarla, como abrazarla, cuando decirle “te quiero” o “fea” en el momento correcto, sabía como prometerle el cielo hasta parecerlo posible. Aquel idiota que supo el punto exacto donde golpear para hacer tanto daño.

Aquel idiota por el cual se tatuó en el cuerpo y alma con su nombre, dos marcas imborrables.

Aquel que le convenció que el fuego lo destruye todo y ahora ella estaba ahí, intentándolo, quemando sus cartas y fotos y tratando quemar los recuerdos, pero aquel idiota hasta en eso mintió, el fuego no consume los recuerdos, al menos no los que se guardan dentro,  para esos solo se necesita de tiempo. Así que ella solo le tocaba aguantarse, echar de menos las idioteces que tanto le gustaban a pesar de que sean del idiota que le hizo tanto daño.

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Isabela


¡Tu me dices, el que no arriesga no gana!, pero el amor, no es solo arriesgar… es darle la seguridad aquella mujer, ella que le gusta el color morado, la que tiene los ojos color miel más hermosos que viste, la misma que tiene la risa más dulce que has oído, que tiene la curva de tu vida en su sonrisa, la chica que te hizo pensar por primera vez en un futuro, la que te hizo construir una vida en un segundo…ahora eres tú, aquel que se arriesgó, el que llego de la nada, el que como nadie la conoce; seras ese hombre que lo cambiará TODO en su vida, el que dará lo que no tiene por esa sonrisa…

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Hachiko nació en Noviembre de 1923 en la prefectura de Odate, provincia de Akita, al norte de Japón. Era un perro de raza Akita, macho y de un intenso color blanco.

La suerte iluminó a Hachiko cuando a los 2 meses de edad fue enviado a la casa del profesor del departamento de Agricultura de la Universidad de Tokio Dr. Eisaburo Ueno. El profesor lo llevó a su hogar situado cerca de la estación Shibuya, y allí demostró ser un bondadoso y amable dueño. El perro por su parte lo adoraba.

Desde luego, Hachiko no podía acompañar a su amo hasta la universidad. Pero lo que sí hacía era dejar la casa todas las mañanas con el profesor y caminaba junto a él hasta la estación Shibuya.

El perro observaba como su dueño compraba el boleto y luego desaparecía entre la multitud que abordaba el tren. Más tarde, Hachiko acostumbraba sentarse en la pequeña plaza y esperaba allí a su dueño quien regresaba de su trabajo por la tarde.

Esto sucedía todos los días. Así es como la imagen del profesor con su perro se volvió familiar en la estación Shibuya, y la historia de la lealtad de este animal se diseminó por los alrededores con mucha facilidad. Las personas que transitaban por Shibuya siempre comentaban este hecho.

Una tragedia irrumpió la tarde del 21 de mayo de 1925. La salud de profesor no era muy buena en esos días y repentinamente sufrió una ataque cardíaco en la universidad. Él falleció antes de poder regresar a casa. En Shibuya, el perro esperaba enfrente de la estación.

Muy pronto las noticias sobre la repentina muerte del profesor alcanzaron Shibuya. Inmediatamente muchas personas pensaron en el pobre perro que lo había acompañado todos los días. Varios tuvieron la misma actitud y fueron a la pequeña plaza para convencer al perro de que volviera a su hogar, como si él pudiera comprenderlos.

A la mañana siguiente Hachiko fue visto enfrente de la estación, esperando a su amo. Aguardó todo el día en vano. Al día siguiente estaba allí nuevamente y así sucedía día tras día. Los días se volvieron semanas, las semanas meses, los meses años y aún así, el perro iba cada mañana a la estación, espera el día entero y al llegar la hora de regreso de su amo, buscaba entre todos esos rostros extraños a áquel que amaba. No tenía en cuenta las condiciones climáticas, lluvia, sol, viento y nieve no impedían su diario peregrinar al encuentro de su amo, la lealtad hacia su amigo humano nunca pereció.

La lealtad demostrada por Hachiko tuvo un extraordinario efecto entre los japoneses pobladores de Shibuya. Él se transformó en un héroe, la figura más amada del área. Los viajantes que se ausentaban por un largo período siempre preguntaban por él a su regreso.

En el mes de abril de 1934 los bondadosos habitantes de Shibuya contrataron a Teru ( Shou) Ando, un famoso escultor japonés, para que realizara una estatua en honor su amigo Hachiko. El escultor estuvo encantado de realizar ese trabajo y la estatua de bronce fue colocada enfrente de la estación, donde solía esperar Hachiko.

Casi un año más tarde, el 7 de marzo de 1935 Hachiko falleció al pie de su propia estatua debido a su edad, pero eso no impidió que su historia y la estatua de Teru Ando se hicieran famosas por todo Japón.

Durante la guerra todas las estatuas fueron fundidas para la elaboración de armamento, la de Hachiko no escapó de esa suerte y lamentablemente el escultor fue asesinado. Pero los pobladores de Shibuya continuaban recordando a Hachiko y su mensaje de lealtad. Así fue como decidieron formar una Sociedad para el reemplazo de la estatua de Hachiko, y dicha sociedad contrató al hijo de Teru Ando, Takeshi Ando, quién también era un excelente escultor.

Hoy en día, la exquisita estatua de Hachiko permanece en el medio de la plaza enfrente de la estación Shibuya. Podemos encontrar alrededor de ella fuentes, puestos de diarios y revistas y personas sonrientes contándoles la historia de Hachiko a los pequeño o los no tanto.

El 8 de abril de cada año se conmemora a Hachiko en la plaza frente a la estación de trenes de Shibuya.

Los restos de Chuken Hachiko (en japonés el leal perro Hachiko) descansan junto a los de su amo el Dr. Eusaburo Ueno.
En una esquina de la sepultura de su dueño en el Cementerio de Aoyama, Minmi-Aoyama, Minato-Ku, Tokio.

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Noviembre


Alguien que perdona una, una y otra vez la infidelidad, no es que ame demasiado, solo es la prueba que ha dejado de amarse a si mismo.

Ella ya no podía perdonar mas, su poco orgullo no lo permitía, entonces decidió solamente ignorar. No supo cuantas veces lo había hecho, lo hizo parte de la rutina que ya no se daba cuenta. Quiso apostar a que valía la pena, que ya había arriesgado demasiado y aunque había pasado mucho tiempo intentando, todavía seguía porque todo funcionara.
¿Todo porque? Por un Te amo forzado, por un “gordita” dicho por obligación, es lo que obtuvo. Ella incluso aprendió amar lo que a Él le gustaba, pero Él no la amaba como ella deseaba, si hubiera sido asi, Ella no sentiría, que al mas mínimo error todo se desmoronaría. ¿Porque no paró? Porque no retorno a lo que ella creía? seguramente porque se alejó demasiado que ya no supo cual era el camino de regreso.

Donde quedo la confianza, la lealtad a ella misma, donde quedo la reciprocidad? porque al final del dia ella sentía que daba mucho de Ella por un poco de amor ¿Acaso el amor se volvió tan escaso que tuvo que mendigarlo? Será que confundió sus anhelos y lo sustituyo por cuidar y mantener un amor que solo para ella existía, tal vez no podía renunciar al hecho que Él dependía de ella, por eso ella trato de hacerse indispensable, sin darse cuenta que nadie es irremplazable.
A Ella que le gustaba mantener el control, fue controlada por sus emociones y su vez sus emociones las controlaba Él con sus acciones. Ella se engaño pensando que Él le había contado lo que nadie habia confesado, sin embargo Ella era a quien Él mas mentía. Pasan los días y Ella es feliz a su manera, se empeña en creer que todo es mejor mientras ignore lo que pueda causarle daño. Mientras crea que la verdad es algo que se puede ocultar a los demás, porque cuando se niega algo tanto puede hacerse pasar por verdadero, aunque que pena, que sea solo en su mundo, ese mundo que a sus pies se esta desbaratando.

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Soledad


Recorro con mis dedos la silueta de tu recuero, incansable . Acaricio el vacío, idealizo en él tu presencia. Cierro mis brazos alrededor y solo encuentro aire que huye de mis dedos, quedo como al principio, sin nada. Busco tu calor en un cuerpo ajeno, pero solo encuentro un espacio que no puede llenarse, un lugar que conozco, pero ahora es distinto, en donde me encuentro perdido, buscándote.

Tu aroma se aleja, se alza a la inmensidad, a alcanzarte; desde ahora el insípido color negro cubre el cielo, me devuelve de regreso al inerte sonido de una danza de cenizas, de emociones que se han fundido en el olvido, al rojo vivo de la ausencia y distancia.

Se me pasan los días como si fueran horas,  o a veces es viceversa,  no lo sé,  he perdido la noción del tiempo. Te tengo a mi lado aun cuando para mis ojos estés extinta. Siento tus caricias de niebla rodeándome, me ahogan, como aquella lluvia que cae en la tormenta, continuas en mis oídos, que se ponen en mi contra, me traicionan, no me dejan escucharte, tu huella en ellos se va alejando, solo puedo escuchar mis propias plegarias para que regreses.

En mis venas, te transformas en un amargo dolor que palpita, aunque tu amor me rodea, me cobija, mi corazón  no me permite sentirlo, lo confunde; ya no existe el latir de antes, ahora es un enfermo palpitar que bombea desdicha, latidos que se debilitan, que encadenan a una vida donde no puedo encontrarte, me haces falta, puedo vivir sin vida pero no puedo vivir sin mi alma.

Me aferro a tu silueta, la obsesión es ahora lo único que me sostiene, que me ilumina, que no me consume con tanta rapidez como la realidad. Desde la negación ya no te veo de lejos, te siento cercana,  te sueño real desde que todo lo que deseo pende de mi locura. Vez  arder la sangre de mi pecho? Te jactas que no pretendes hacerme daño y sin embargo estrangulas mi corazón con un nudo de indiferencia y sin embargo sigo aquí, moribundo, sin la excusa perfecta para hablarte.

Solo puedo esperar a que la muerte sea un poco mas misericordiosa que tu misma, que como una hoja al viento, eleve mi alma hasta una dimensión que la separe de este dolor de quererte, sino que sentido tendría morir si no es para olvidarte, sino es así  prefiero agonizar, con tal de tener una leve oportunidad de volver abrazar algo mas que ausencia.

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